Álvaro se mostró siempre como un muchacho trabajador e inteligente,
dotado de una gran personalidad. En 1903, a los veintitrés años, se casó
con Refugio Urrea, y dos años más tarde adquirió un pequeño rancho a
orillas del río Mayo. Los años siguientes fueron esforzados y también
dolorosos, ya que su esposa, que le había dado dos hijos -Humberto y
Refugio-, murió. Si bien Álvaro era un hombre hecho para el sacrificio,
no lo era sin embargo para el dolor, y el 2 de marzo de 1910 contrajo
nuevo matrimonio con María Tapia, una hermosa mujer que le daría siete
hijos más.
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